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En la sociedad moderna la relación con la naturaleza o las fuentes de energía que nos nutren y sostienen, no sólo como personas, sino también como especie, es prácticamente inexistente.
A lo largo de los tiempos algunas culturas desarrollaron técnicas y procedimientos precisos para establecer una relación distinta a la habitual con la naturaleza.
A través del entrenamiento en estas técnicas posibilitaban, entre otros, el acceso a diferentes estados de conciencia, no comunes, mediante los cuales el ser humano obtenía una mejor comprensión del entorno, el tiempo, las relaciones con los otros y sobre todo, consigo mismo. Tal era así que estos encuentros o peregrinajes formaban parte de su quehacer cotidiano.
Afortunadamente, tanto los procedimientos, las técnicas, las preparaciones previas necesarias, como la Tierra siguen ahí, vigentes, vivas y disponibles para recorrer el infinito camino de nuestra conciencia.
Para ello debemos ir más allá del Yo cotidiano, que, anclado en las rutinas, hábitos y creencias, no se permite conocer más allá de lo que considera adecuado, posible o controlable.
A lo largo de varios días trabamos diferentes técnicas en grupo para sentir el campo energético terrestre y exponerse a su influencia de una forma poco habitual.
Gracias a este trabajo recuperamos un vínculo sagrado, parte indispensable del equilibrio psico-emocional de la persona y del cual podemos obtener renovación, limpieza y vitalidad.
Establecer este vínculo exige la presencia de un grupo, cierto grado de silencio, compromiso, escucha, esfuerzo y colocar la mente fuera del campo de observación y análisis cotidiano.
Sólo estando Más Allá del Yo podemos percibir La Tierra Viva.
La Tierra Viva
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